Luz nocturna, si pensamos que la luna a medio crecer pueda dar una luz a la habitación de Tomás, tumbado y con la oreja pegada en el suelo. Tiene un movimiento inquieto en su pierna que golpea suavemente el parqué sin parar. Su hermana está de pie a su lado, trenzas para dormir y ojos somnolientos. “Tomás, ¿Qué haces?” – susurra, mientras su hermano continúa escuchando otros susurros que vienen del piso de abajo. “calla! ¡Que no oigo!” – dice – “ven, túmbate!! – y tira suave del camisón hacia el suelo para que Laura se tumbe muy pegadita a su lado. “¿qué tengo que escuchar?” – pregunta mientras inclina su cabeza concentrada. Golpea suavemente a su hermano sin querer – “¡Ay! Me has hecho daño!” – y se frota allí donde el ligero golpe entre niños deja un paso a la exageración infantil. Y comienza a juguetear con sus pies dando ligeros golpes al suelo.
Entonces también apoya la oreja imitando a su hermano
“Estate quieta y escucha atenta, sin hacer ruido, que no te oigan…. Ni respirar” – advierte Tomás, y Laura coge aire cerrando la boca y también los ojos. Abajo oye ligeros pasos que van y vienen, algún golpe, suspiros y y al fin una voz…. -¡Eres un hijo de puta! ¡De la gran puta! – y a Laura se le pone la cara colorada – “…. Tomás, han dicho una palabrota! Muyyyyy grande!, H-I-J-O DE P….! – sssssshhh caya! – y Tomás continúa a la escucha. El piso está frío, pero a Tomás no le importa, con sus ocho años sabe desde hace muchos días, que tienen a alguien que imagina encadenado en el piso de abajo y probablemente amordazado. Igual que cuando juegan a polis y cacos. En su imaginación ve a un joven, quizás con la mirada amoratada y dolida, donde cae algo de sangre del corte de una ceja y una cuerda muy apretada que le fuerza violentamente la boca que suena, así como “….grsrrrrr” Ahogado. “¿lo has oído, Laura?, gruñe, igualito, igualito, igualito…. Que cuando me partí la ceja el año pasado cuando caí de la bici…” . “¡estará llorando!” – susurra Laura- y Mateo especula muy bajito y en susurros que no, que es como en las pelis donde todo es mentira.
Sabe que la reflexión le empezó a funcionar también hace un par de días, cuando el vecino del piso de abajo coincidió con él en el ascensor. – “…. ¡Eh! ¡Chico! ¿Qué tal en tu casa? ¿Todo bien?” – y Tomás siente que su mirada le atraviesa sus pensamientos – “tus padres bien, ¿no? Tranquilos, ¿verdad? … Ya sabes chaval que la tranquilidad…. Tiene un precio ….” – le sonríe inclinándose para ponerse a su altura y Tomás se imagina todos estos días tumbado en el suelo y empieza a morderse el labio inferior como cuando está nervioso – “… Sabes que está muy feo escuchar, eh?….” –pero igual que copia en los exámenes del cole, sabe también que es el Rey del Disimulo, así que no se inmuta. El vecino apoya una mano en su hombro, y se lo aprieta un poquito – “… bueno chico, reflexión ante todo, y saluda a tus padres de mi parte…” – lanza un guiño desde la puerta del ascensor y cuando se cierra Tomás se lleva las manos a la cabeza – “ … ay ay ay!!… que me ha pilla-Ooooo…”
Laura y Tomás continúan juntos y tumbados a la escucha. – ¡Te dije que no le trajeras aquí! ¡Te lo advertí! – es la voz del vecino – murmullos de otra voz desconocida – “¡Y dónde podía dejarle! ¡Le buscan en todas partes y nos la ha jugado!!” – Un golpe, G-R-A-N golpe en algo que suena seco y Tomás imagina una cabeza rebotando contra la pared. Entonces ambos oyen de nuevo un “grssrrrrrr” que ahoga. “… no le sujetes, … No hace falta… Ya está muerto” – murmuran. Y Laura se levanta velozmente con la mano tapando un grito silencioso pero audible, y de repente el silencio.
Tomás imagina al vecino levantando su cabeza al techo – ¡¡Laura!! – murmura aunque parece un grito asustado – no hagas ruido P-O-R F-A-V-O-R…!! – y tiene un gran miedo, un INMENSO miedo y cree que oye los pasos, la puerta de entrada, la carrera por las escaleras, el golpe en la puerta de casa…. De SU CASA!! – y se imagina que trata de despertar a sus padres, y piensa que es tarde, y le viene a la cabeza una frase que hasta hoy no había entendido, “la curiosidad mató al gato”…. E imagina que Laura puede todavía esconderse en el armario….
Pero no. Continúan los ruidos de pasos acelerados en el piso de abajo, quizás el arrastre de un cuerpo lleno de sangre que deja un reguero manchando el parqué y dice en susurros – “le van a cortar en trozos y lo van a meter en el congelador y en la nevera…” – “no digas eso Tomás!! Eres un mentiroso, se lo voy a decir a mamá” – y Laura se levanta enfadada del suelo y se mete en la cama. Tomás sigue tumbado, lleva días que no duerme bien ….

