Reto: In media res
La joven Noriko se escabullía aprovechando la oscuridad y salía del ático cerrando la puerta con mucho sigilo. Solo oía su respiración y los latidos acelerados de su corazón. Ahora recorría el pasillo hasta llegar a las escaleras y bajaba una planta.
Ya había conseguido lo más difícil, hacerse con la valiosa y delicada mercancía. Puesto que trabaja para los Ishikawa, no levantaría sospechas entre el personal de seguridad cuando la vieran salir del edificio.
Pero ahora, necesitaba tranquilizarse, así que paró en el primer tramo de escaleras. Abrió la bolsa negra de deportes que portaba y comprobó que la caja aislante estaba bien cerrada. Todo estaba saliendo según el plan.
Después de unos minutos, tomó el ascensor y mientras bajaba, ensayaba frente al espejo el gesto que debía dedicar al que estuviera en el mostrador de seguridad. Si no había imprevistos, debía de ser Arata con quien, en alguna ocasión, había intercambiado alguna palabra y tenía la sensación de gustarle, así que esperaba que esto le ayudara a ser más natural. No era lo mismo si estuviera Hideki que era el jefe de todos y siempre se mostraba duro e intransigente.
El ascensor se abrió, después de resoplar salió y fue directa a la salida, gesto de saludo que fue correspondido por el joven Arata y a tan solo unos pasos se encontraba la puerta de entrada giratoria. Accedió, asegurándose que la bolsa no chocaba con nada y respiró aliviada cuando sus pies pisaron la calle.
El siguiente objetivo, la estación de metro de Hiro-o que se encontraba a 8 minutos caminando. Afortunadamente en las calles del centro de Tokio no había aglomeraciones a esas horas. Andaba con mucha cautela, evitando que nadie rozara la bolsa. Los anuncios que se emitían desde las pantallas de televisión gigantes instaladas en muchos edificios, junto con los rótulos de neón, aportaban un gran colorido que Noriko veía reflejado en las húmedas calles.
No se sentía orgullosa de lo que acababa de hacer, no estaba salvando a la humanidad, pero sí era necesario para ayudar a su familia. Estaba disgustada porque los Ishikawa siempre habían sido muy correctos con ella, pero no había tenido más remedio que hacerlo.
Miró el reloj, habían pasado exactamente 26 minutos, no debían pasar más de 2 horas para asegurarse que la mercancía llegara en perfecto estado; Era extremadamente frágil. De ello dependía el éxito del plan.
Durante el trayecto en metro, pensó en su hermana Kiko que se consumía en el hospital Aiiku a la espera de poder recibir el tratamiento que le diera la posibilidad de superar su enfermedad.
Recordó la conversación que escuchó de sus padres unas semanas antes.
—El doctor me ha dado esperanzas con un nuevo tratamiento, pero para poder iniciarlo necesitamos unos 60.000 Yenes. — dijo cogiendo la mano de su mujer.
—¿Podemos pedir un nuevo préstamo al banco? — preguntó Annaisha con las lágrimas rodando por sus mejillas.
—Lo he intentado, pero ya no tenemos más bienes que nos avalen.
Noriko lo escuchó y decidió que tenía que hacer algo. Acababa de regresar de casa de los Ishikawa donde trabajaba como asistente personal de la señora. Ella sabía cuál era uno de sus bienes más preciados y era consciente que podría conseguir más de un millón de Yenes si lo vendía en el mercado negro.
Salió del metro, su casa quedaba a solo diez minutos, la bolsa cada vez le pesaba más, pero su objetivo estaba muy cerca. Habían pasado 56 minutos.
Ya en casa fue directa a su habitación, cerró la puerta tras de sí y se apresuró a sacar la caja; una vez abierta, extrajo con cuidado una gran bolsa llena de agua con una carpa koi nadando en su interior. Con sumo cuidado la puso en el tanque.
Pronto contactarían los compradores y conseguiría su objetivo.
Su madre Annaisha tocó su puerta, pidiendo permiso antes de abrirla.
—Noriko, ¿Qué modales son esos?¿por qué no nos has ni saludado? — la recriminó desde el umbral.
—Lo siento mamá, me he dado cuenta de camino que anoche, olvidé dar de comer a Akira y por eso he venido directa a ponerle la comida en el agua.
—Vale hija, ¿me ayudas con la cena y de paso me cuentas qué tal tu día?
—De acuerdo, voy enseguida.
—No me había dado cuenta lo grande que está Akira, es preciosa hija, que bien la cuidas. — comentó sonriente.
Noriko devolvió la sonrisa a su madre y respiró aliviada cuando cerró la puerta.
Recibió un mensaje en el móvil donde le indicaba hora y lugar del intercambio. Todo terminaría al día siguiente.
Durante la cena, comentó a sus padres que al día siguiente iba a quedar con una amiga del instituto que no veía desde hacía años, comerían juntas y después iría al hospital con su hermana Kiko.
Al despuntar el alba, se despertó y preparó de nuevo el transporte para la carpa koi, salió de casa antes que sus padres se despertaran, no quería que la vieran salir con la bolsa. Llegó a la estación de tren de Shibuya, en los suburbios de Tokio, y se paró frente a la escultura de Hachiko. Unos minutos después, una mujer menuda como ella llegó con otra bolsa idéntica y la dejó junto a la suya. Dos minutos más tarde, ambas se intercambiaban los bultos y se dirigían al interior de los baños de la estación. Cada una entró en una cabina para poder constatar que la mercancía estaba correcta. Después de la comprobación, salieron del aseo y cada una tomó una línea diferente.
Noriko sonrió feliz en su bolsa, portaba 1,2 millones de yenes.
En el hospital contó a su familia que le había tocado en la lotería una cantidad importante de yenes y que lamentablemente Akira había amanecido muerta en el tanque.
La auténtica murió días antes y fue el origen de su plan.
Silvia Jimeno Vázquez

