La noticia real aparece en La Vanguardia el 05/03/2021 – Una mujer encuentra tras su espejo del baño un agujero que da a un apartamento entero escondido.

Reto: Un agujero tras el espejo

Sólo había pasado una semana desde que se instaló en su apartamento nuevo.

Tiziana estaba peinándose frente al espejo del baño; cuando sintió una leve corriente de aire frío. Olía como a cerrado y a humedad. En el baño no había ninguna ventana así que salió en busca de la procedencia de aquella tenue y extraña brisa.  

Recorrió su pequeño apartamento, cocina abierta al salón con una ventana pequeña junto al fregadero que daba a un patio interior. Continuó a su dormitorio y siguió hasta el baño, pero no encontró ninguna ventana abierta ni nada que pudiera explicarlo.   

Quizás se colaba algo de aire por debajo de la puerta de entrada o incluso por las rejillas de ventilación de la cocina y el baño. Así que resto importancia al suceso y regresó al baño.

Era un gran día para ella ya que presentaba una serie de cuadros inspirados en pintoras cubistas como fueron María Blanchard y Maruja Mallo entre otras. A la vez su mejor amigo Juan Carlos también exponía su última colección en una sala del matadero y ella era su musa.

Después de tanto tiempo su sueño estaba a punto de hacerse realidad. Un hormigueo incesante recorría su vientre.

Sus ojos verdes aceituna brillaban como dos minúsculas estrellas bajo las bóvedas de sus cejas. Agitó su media melena cobriza para dar volumen y acomodar sus rizos, un toque carmesí en los labios, se colocó un divertido tocado confeccionado por ella misma, sus tacones, su abrigo de desigual, y un chal rojo que hacía juego con los zapatos y un original bolso ilustrado con las fotos más emblemáticas de actrices de los años 60.

Fue un momento a la cocina y se sorprendió al no encontrar un paquete de arroz que habría jurado haber comprado el día anterior.

—Otra vez me he dejado algo en la caja del súper. — pensó resignada.

 Unos minutos después bajaba las escaleras del metro para acudir al evento

 De camino intentaba recordar la última compra, estaba segura de que se había llevado todo. En su interior había saltado una alarma que la llenó de un insistente desasosiego.

Su amigo la recibió al llegar a la exposición, fue una velada deliciosa a pesar del recurrente malestar que sentía cada vez que pensaba en el arroz desaparecido.

Su obra llamó la atención; fue muy apreciada y consiguió vender tres de sus cuadros por lo que una inmensa felicidad la invadió por completo y se olvidó de todo lo demás. Estaba como en una nube. Bebió varias copas de champagne para celebrar el éxito junto con su amigo.

De vuelta, tomó un taxi, al entrar en el apartamento notó de nuevo ese extraño tufo y además percibió olor a sudor.

—Creo que he bebido demasiado y me está afectando al olfato, huele como si alguien hubiera estado aquí mismo hace unos segundos. — especuló con mucha inquietud.  

Había sido un día muy intenso, estaba reventada, ya con el camisón puesto y desmaquillándose con una toallita fue a la cocina a por un vaso de agua y echó en falta un Brik de tomate frito y una bolsa de magdalenas.

Esto no era posible sabía que antes de irse aquella misma tarde estaban sobre la encimera de la cocina al lado de la nevera.

Comenzó a sentirse mareada y angustiada. Su estómago convulsionaba, echó a correr al baño. Se puso de cuclillas, abrazando el inodoro, y empezó a vomitar.

Unos minutos después se levantó, fue a lavarse los dientes y el dentífrico tampoco estaba.

 El pánico se apoderó de ella e inició una búsqueda compulsiva del tubo de pasta. Sus movimientos eran bruscos y empezó a dar golpes en los azulejos, en una de esas, tropezó con el espejo que se ladeó ostensiblemente hacia el lado derecho y se dejó ver un gran hueco, descolgó el espejo y el corazón se le salía por la boca.

Ante su más absoluto asombro, frente a ella había lo que parecía ser una entrada oculta. Estaba aterrada, pero necesitaba saber lo que había al otro lado.

Se apresuró a coger una linterna y armándose de valor se metió por el agujero de unos 70 cm2. El olor era más fuerte y el túnel que encontró  estaba lleno de mugre y polvo. Reptó unos metros hasta el final que le condujeron a una habitación lúgubre con un pequeño ventanuco casi pegado al techo.

Había un viejo colchón tirado en el suelo, algunas cajas de plástico; de las que se usan para transportar frutas y otras de cartón; una de ellas dada la vuelta como haciendo de mesa. Al fondo había más apiladas. Montones de periódicos.

Con su linterna iba descubriendo los detalles que se escondían en aquel extraño habitáculo sucio y maloliente. Había hasta un viejo infernillo. De pronto la luz de su foco le descubrió otro hueco del tamaño de media puerta. Pegó un respingo al distinguir entre las sombras las caras sucias y asustadas de dos niños.

Contuvo un grito justo antes de salir de su garganta. Las preguntas se agolpaban en su cabeza

¿Qué demonios hacían dos chiquillos allí? ¿Por qué estaban ocultos?

¿Quién había construido aquello y por qué?                                  

El miedo se fue de golpe y su corazón se llenó de lástima y ternura viendo a esos pequeños tan asustados y vulnerables.

Minutos después todo se precipitó, la policía acudió al apartamento y se abrió una investigación.

De los niños se hicieron cargo los servicios sociales.

El padre estaba en prisión cumpliendo condena por intento de asesinato; la madre en coma desde que el marido después de una paliza, la asestó varias puñaladas dándola por muerta.

La madre de los niños encontró lo que ocultaba el espejo de manera fortuita y pidió a sus hijos que el día que su padre se enfadara mucho y empezaba a pegarla; que cerraran el baño y se ocultaran allí hasta que ella los fuera a buscar y aunque parezca mentira… eso es lo que habían hecho durante todo ese tiempo.        

Su casero fue el primer sorprendido ante aquel lugar oculto tras el espejo de su apartamento.

Tiziana averiguó a través de una nonagenaria vecina que los primeros propietarios de la vivienda tuvieron un niño con una enfermedad rara degenerativa. Ella recordaba cómo fue empeorando hasta que dejaron de verle cuando contaba más o menos con 11 años. Todos los vecinos por aquel entonces pensaron que ya el pequeño estaba muy delicado como para poder salir de casa. Así pasaron los años y un buen día el matrimonio, sin su hijo, se marchó al pueblo de Toledo de donde eran oriundos.

Realmente nadie supo lo que le sucedió al niño, pero ante el descubrimiento del cuarto oculto; todo apuntaba a un nuevo y atroz hallazgo.        

      Silvia Jimeno 08/03/2021                  

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