Reto: Historia dura.

Tina salió del garito de malos modos empujando y gritando: «No sabéis con quién os estáis metiendo, os vais a arrepentir de esto»

Desgraciadamente, esta era su tónica general, odiaba todo y a todos. Creía que el mundo estaba en su contra y no le faltaban motivos para tal afirmación.

Tina se había criado en un barrio marginal del extrarradio, rodeada de delincuencia y drogas. Hija no deseada de una prostituta enganchada a la heroína y un narcotraficante de poca monta. Había crecido sin afectos, con un padre ausente y una madre incapaz de cuidarse ni a sí misma.    

Nunca había conocido ni de lejos lo que significaba pertenecer a una familia y disfrutar del calor del hogar. A cambio había crecido rodeada de miserias y las jeringuillas le eran tan familiares que, en su niñez, las llegó a confundir con juguetes en el parque.

Tina siempre vestía de negro. Preferiblemente vaqueros o mayas ajustadas, solía calzar botas militares. Llevaba la cabeza rapada y una cresta decolorada.  En cada palmo de su piel un tatuaje con una historia que contar. Llevaba las orejas con varias perforaciones y el piercing de argolla de la nariz no se lo quitaba nunca.

Esa noche se había liado más de la cuenta y quedaba poco tiempo para el amanecer. 

—¡Valientes hijos de puta, con la de pasta que me he dejado yo en ese puto antro y me dicen que no me sirven una jodida copa más! —protestó mientras caminaba titubeando calle abajo y daba una patada a una caja de cartón atravesada en la acera.

Tina había tenido otro mal día e iba puesta de coca y alcohol. Se encendió un pitillo antes de llegar al cuchitril donde vivía con su hija de nueve años.

Al doblar la esquina y llegar al borde del descampado sintió un escalofrío y el vello de todo el cuerpo se le erizó.  Terribles recuerdos ligados a aquel maldito lugar que, por desgracia, no ayudaba a olvidar el hecho de tener que atravesarlo casi a diario.

—¡Tina, que haces todavía en la calle y en estas condiciones, no te das cuenta de que tienes una hija que cuidar! — le espetó el quiosquero que la conocía desde que era una niña y estaba al corriente de las desgraciadas vicisitudes que había sufrido Tina.

—¡Lo que me faltaba hoy que vengas tú ahora a sermonearme, ni que fueras mi puto padre! ¡No te metas en mi vida, me oyes, mi hija está perfectamente! —le contestó de forma abrupta.

—Vamos tranquila mujer, sabes que os aprecio y me preocupa verte así. ¿Necesitas algo, te puedo ayudar?

—¡Menuda gilipollez, que si necesito algo!, pues claro, pero tú no me lo puedes dar o ¿Acaso eres Dios y puedes cambiarme esta mierda de vida por otra mejor eh…?

El hombre no supo que responder y con cierta tristeza continuó colocando los periódicos y revistas.

Tina llegó a su destartalado estudio situado en el bajo interior de un edificio bastante mal conservado. Por fortuna, su hija seguía dormida, ajena a la salida nocturna de su madre. Ella se desvistió rápido, se puso un viejo pijama y se tumbó junto a ella en el sofá cama que compartían.

Cada vez se sentía más impotente e incapaz de poder tener una vida medio digna.  Ya tenía varios avisos de Asuntos Sociales y en poco tiempo, de seguir las cosas igual, le retirarían la custodia de su pequeña. 

Estaba muy confusa porque, por un lado, no quería perderla, pero por otro, quizás sería la oportunidad de que su hija pudiera salir de aquel agujero. Pero podría ser incluso peor, por lo que había escuchado a cerca de los centros de menores y casas de acogida.

Súbitamente, encontró la mejor opción y pasó a ejecutar su plan. Buscó el teléfono de un hostal, de dudosa clientela, que alquilaba las habitaciones por horas y reservó para ese mismo día.  Despertó a su hija, desayunaron y se la llevó a Pedro el quiosquero, sabía que era un hombre de buen corazón. Él nunca se llegó a recuperar de la pérdida de su hijo, víctima de una leucemia cuando tenía diez años.

 —Hola Pedro, hace un rato, me dijiste que si me podías ayudar y la verdad es que sí. Necesito que me hagas el favor de quedarte con mi hija hasta mañana por la tarde. Tengo que ir fuera de Madrid para un posible trabajo. — le pidió Tina con un tono inusualmente amable.

—Todo es muy repentino, pero está bien, voy a avisar a Marisa para que venga a recoger a la niña.

Tina salió del garito de malos modos empujando y gritando: «No sabéis con quien os estáis metiendo os vais a arrepentir de esto»

Desgraciadamente esta era su tónica general, odiaba todo y a todos. Creía que el mundo estaba en su contra y no le faltaban motivos para tal afirmación.

Respondió acariciando la cabeza de la pequeña.

—En la mochila lleva algunas cosas que necesitará.  —dijo tocando el macuto que portaba su hija a la espalda.

—De acuerdo Tina, ve tranquila cuidaremos bien de ella. —comentó Pedro sonriendo a la pequeña para que se sintiera más protegida. 

—Ya conoces a Pedro y Marisa, estarás bien con ellos, yo regresaré lo antes que pueda. —Añadió Tina mientras se agachaba, abrazaba a su hija y le daba varios besos en su mejilla izquierda.

Dio las gracias a Pedro y se alejó sin mirar atrás.

Una vez llegó a la habitación del hostal fue directa al baño. Vio la ducha con cortina y pensó: «Siempre había imaginado que lo haría en una enorme bañera, en fin, no tengo suerte ni para esto». Abrió la ducha, sacó un cutter del bolsillo derecho trasero del pantalón y se sentó en el reducido espacio disponible. Extendió el brazo izquierdo y se hincó el cutter en el centro de la muñeca y fue desgarrando su carne hacia arriba hasta llegar al bíceps. La sangre salía a borbotones, pero no se detuvo e hizo lo mismo en su brazo derecho, lloraba más de rabia, que de dolor todo era de color escarlata, la desesperación la llevó a cortarse también en los muslos y poco después se desvaneció…

Recuperó la consciencia, pero… ¿Qué extraño se asfixiaba y estaba empapada en sudor? Abrió los ojos y estaba tumbada en su sofácama junto a su hija.

Entonces…

 A) la abrazó con fuerza, decidió que entraría en el programa de desintoxicación que la habían ofrecido y lucharía por su hija.

B) Hizo justo todo lo que acababa de soñar para quitarse de en medio y dejar de sufrir.

   Silvia Jimeno Vázquez

2 respuestas a “Dark”

  1. Avatar de Ana Maria Bouza Calvo
    Ana Maria Bouza Calvo

    Me estas enganchando a la lectura Silvia

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    1. Avatar de El Arte de re(la)tarte
      El Arte de re(la)tarte

      Esto me hace muy feliz, gracias y sigue descubriendo nuestro blog🤗

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