Reto: Romántico
Eva se apresuró en hacer el registro y subir a la habitación. Tras cerrar la puerta se quitó la mascarilla, no la soportaba ni un segundo más.
Se aligeró en sacar del bolso unas velas fragantes y sus ojos color avellana buscaron los lugares más idóneos para ubicarlas. Las distribuyó alrededor de la inmensa bañera de hidromasaje y sobre las mesillas que flanqueaban una cama “king size”.
Sabía que estaba prohibido, pero eso lo hacía más excitante.
Minutos antes de que llegara, Eduardo…Cepilló su larga melena pelirroja y se maquilló sus labios de color carmesí. Vestía un maxivestido color verde esmeralda que favorecía a su piel nívea; cuidadosamente ajustó la línea del escote bajo sus hombros.
Eduardo subía en el ascensor anhelante de su encuentro con Eva. Era un hombre elegante, de complexión fuerte. Tenía la tez morena, su cabello ondulado y negro, los ojos azul cobalto. Poseía una mirada penetrante, sonrisa abierta y franca como su carácter.
Última barrera, la puerta de la habitación 2020, repicó y segundos después allí estaba su amada.
El microscópico contrincante les separó durante semanas y ahora tan próximos casi se devoraban sin rozarse siquiera.
Entró, quitándose la mascarilla y ambos acercaron sus corazones en un prolongado abrazo. Sus olores corporales únicos se entrelazaron también ávidos de reencontrarse.
Ninguna precaución ante el diminuto contendiente, se lo jugaron todo a la pasión.
Sus besos, caricias y cariñosos mordiscos dibujaron sus cuerpos y ambos trenzados en una filigrana libidinosa se dejaban llevar, El deseo les hacía bailar acompasados con un ritmo a veces más frenético y otras más sutil y así entregados ambos al placer llegaron a su ansiado edén.
Después, desnudos y abrazados observaron desde la cama el crepúsculo de aquel día de junio que supuso para ellos la primera victoria a aquel insidioso adversario.
Silvia Jimeno Vázquez

