Reto: Microrrelato con las palabras detalladas.
El sol se mecía ya cansado sobre la mar que se zarandeaba ligera con la brisa que precede a la noche.
Esta escena pasó a un segundo plano cuando atisbé con mis prismáticos, a una mujer en la popa de un barco velero que agitaba sus brazos y gritaba pidiendo auxilio.
Arranqué el motor de la lancha y llegué hasta su embarcación. Estaba muy nerviosa, parecía ilesa y no dejaba de repetir” Ay mi Paco, mi pobre Paco”.
—Tranquila Señora, ya está a salvo. Usted llamó por radio pidiendo ayuda, ¿Qué ha sucedido?
—Ha sido todo tan rápido yo estaba limpiando en la proa y mi marido Paco estaba junto a la botavara, aflojando el cabo para arriar la vela mayor cuando un golpe de viento ha movido el palo y le ha golpeado en la cabeza, con tal fuerza que ha caído por la borda.
—Entiendo.— Mi instinto me decía que estaba mintiendo así que comencé a inspeccionar en busca de pistas, curiosamente ni rastro de sangre.
— ¿Debió de sangrar mucho nada más recibir el golpe? — añadí buscando su expresión.
—Sí, sí a borbotones, creo que se quedó inconsciente en el acto y cayó al mar.
—¿Qué hizo usted entonces? —le pregunté mientras me acercaba observando su pañuelo anudado al cuello.
—Le arrojé el salvavidas lo más rápido que pude, pero no le encontré donde cayó. — explicó entre gimoteos.
—¡Queda usted detenida por el asesinato de su esposo!
—¡Yo no he hecho nada! — exclamó mientras con cuidado le quitaba el pañuelo con la minúscula salpicadura de sangre que desveló la verdad.
Silvia Jimeno Vázquez

