Reto: Intimista emocional

Lo abrí y verifiqué que era la cita para la primera dosis de la vacuna contra la Covid-19.

Me llené de pensamientos y emociones contradictorias. Por un lado, sabía que era el principio del fin; que empezaba mi cuenta atrás para salir de esta tremenda realidad, que parecía el guion de una escalofriante historia de ciencia ficción apocalíptica. Por otro, me sacudió de los pies a la cabeza un repentino temor a que fuera una de esas personas que sufre complicaciones severas que les conducen a la muerte.

Así comenzó una lucha sin tregua en todo mi ser; ¿Y si eran mis últimas 24 horas?

Mi cabeza alejaba que era un porcentaje ínfimo de personas las que habían sufrido complicaciones tan graves. Incluso había medicamentos de uso común que tener mayor incidencia de efectos secundarios.  

Así que mi razón me indicaba que lo correcto era confiar y vacunarse.

Al momento mi corazón se aceleraba ante la posibilidad que estuviera viviendo mi último día.   

Mi hija todavía no sabe ni que me he vacunado. Ella cree que no se ha probado lo suficiente, que la población en un futuro puede padecer trastornos y enfermedades de las que las autoridades sanitarias no hablan en la actualidad. Además, tiene terror porque alguna de las dos saquemos la bolita negra y pasemos a engrosar las filas de los caídos tras la inoculación.

En uno de mis momentos de sosiego compartí con mi pareja el lugar donde tengo mi testamento y le pedí que si me pasaba algo cuidara de ella. A mi hermana no era necesario siempre podré contar con ella.

Mi vida fue pasando por mi mente, pero no en pocos segundos no; fue como estar todo el día en el festival de mi propia existencia y con cada escena revivida iba sacando conclusiones.

El día se iba despejando en mi interior, poco a poco me llené de paz, fui consciente de todo lo bueno que la vida me había deparado, que había cumplido muchos de mis sueños y que mi balanza en el presente se inclinaba mucho más del lado positivo.

No se puede vivir angustiado por lo que pudiera ser. Me quedo con lo que tengo, mis certezas, mis ilusiones, mis proyectos, mis ganas.

Me lo juego todo a existir, pero si la fortuna me abandonara, cruzaré la frontera sabiendo que tuve una vida plena y… nunca se sabe, tal vez vuelva en otra vida para contarte historias que te emocionarán.

Ánimo valiente, me decía cuando me pinchaban en el brazo.

Sentí una alegría inmensa, y le ofrecí una franca sonrisa a la enfermera que tan amable me atendió después de, a saber, cuántas jornadas de vacunación masiva y cuántas difíciles vivencias llevadas en sus espaldas.

Quince minutos, son cruciales para determinar si hay alguna reacción alérgica, todo va bien, momento delicado superado.

Sin novedad en el frente, me voy sabiendo que acabo de ganar una batalla al virus, pero la guerra definitiva se está desencadenando en mi interior.

Sigo con mi vida normal, cada vez más aliviada. Han pasado seis horas y media, buen momento para compartir ese maravilloso proyecto que tengo con mis queridas amigas escritoras.

Qué bien a punto de terminar el día sigo recibiendo mensajes de felicitación por nuestra iniciativa y las visitas crecen, hoy hemos batido récord.

El destino quiso que mi tesoro más valioso, estuviera de jueves a lunes trabajando fuera de casa. Ella no sabe nada, para que angustiarla, cuando la vea el lunes se lo contaré y como estaré bien espero que ella también decida, cuando le toque, ponerse la vacuna.

Tenemos tanto por hacer, tanto por vivir, tantos destinos que conocer.

Tantos abrazos, besos y confidencias, aún nos queda tanto que, aunque quisiera, me es del todo imposible marcharme. 

Silvia Jimeno Vázquez          

    

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