Sueño que floto sobre una nube. Como si una fuerza misteriosa de sensación fresca y húmeda me rodeara todo el cuerpo y me mantuviera semielevado. Imagino que la nube es blanca, brillante y ligera, como las plumas de un edredón, sin embargo, permanece gris, densa y cargada de lluvia, aunque el cielo, alrededor, es tan azul que me molesta a los ojos y me doy cuenta de que estoy por encima de esas nubes que vemos desde tierra en un día nublado y oscuro.

Con sobrecogimiento y extrañeza descubro que mi sueño es muy real, pues mi estómago cargado de alcohol y mi mal aliento me recuerdan que estoy en realidad tumbado en los baldosines fríos de la cocina, rodeado de una niebla densa y baja. Ciego de cubatas. Respiro con dificultad mientras intento abrir los ojos hinchados por la bebida. Y como en una película a cámara lenta, me viene un flash, una imagen.  Mi mujer cayendo. Mala hora en que, sin poder evitar mi malhumor, zurré de nuevo. Puñetazo. Golpe tras golpe. Fue sin querer. ¿Sin pretenderlo ni desearlo? Como suelo hacer el día de descanso, que la semana se me echa encima, las horas de trabajo en la soledad que tengo como Guardia de Seguridad en un almacén prácticamente abandonado. Donde mi imaginación se dispara y veo a mi mujer con otros. Pistola y porra en el cinto. Unas copas de más.

Nada más que eso, unas copas de más con mis amigos que cada vez son menos. Y que llego a casa y no soporto la sonrisa cruzada por una herida cosida en el ambulatorio de la seguridad social una noche de cualquier viernes, mientras yo bajo la mirada, ….

Me froto los ojos intentando recordar, y escucho como lejano el llanto de un niño. Creo que es mi hijo. Tengo la cabeza embotada y siento un ligero mareo como si flotara sobre el mar en un barco a la deriva. Y sigo asombrado por la sensación que me produce esa nube, que me causa incluso un dolor sordo en el pecho. Este sueño…. Tan real. Aguanto las ganas de vomitar. No puedo prácticamente ni levantarme. Estoy completamente borracho todavía.

Me froto los ojos e intento despertar porque siento realmente mi estómago revuelto y la niebla oscura que sigue meciéndome…. Y me niego a pensar en lo que viene después. ¡Claro que ha habido denuncias reiteradas! Pero mi mujer siempre vuelve.

Odio la sensación de agobio que me causa su dependencia, el terror en su mirada. Odio que mi mujer me tenga preparado mi plato más exquisito, o mi vino más deseado. Odio ese exceso de atenciones, de miedo a perderme, de miedo a que la abandone, de miedo a tantas cosas, ¡a la vida y a mí! ¡Miedo a mí que tanto la deseo!. Que es mía porque la quiero. La quiero y es mía.

No creo lo que he hecho. No creo que exista esta tarde. No creo en nada o no quiero pensar en creer. Me viene a la cabeza una palabra: Desesperanza, mientras mi hijo de apenas nueve años sigue llorando. Aguanto las ganas de vomitar mientras froto los ojos con las palmas de mis manos y las noto húmedas en lágrimas, y me abrazo a mí mismo, acunándome ante la angustia. Rodeado de frío y humedad.

Intento no pensar porque se es más feliz sin conciencia. Mucho más feliz. Pero me vienen imágenes de un hombre pegando brutalmente con la porra a una joven, y como en sueños, ese mismo hombre me mira directamente a los ojos y me sorprendo reconociéndome en esa brutal mirada. Y continúo ciegamente, abofeteando y golpeando – un golpe… un mal golpe – y mi mujer tirada en el suelo. Dios mío, ¿Qué he hecho?… ¿Qué he hecho?. Comienzo a gemir quedamente y sin ruidos. Que moqueo y las lágrimas de miedo y pesar ya no me dejan ver ni las nubes. Un grito contenido sale con el mayor lamento, y escucho. Es mi hijo mientras mi mujer muere.

Entonces pienso que es muy fácil saltar desde la nube y despertar de este mal sueño. Así que me imagino estrellándome desde el cuarto piso de mi casa contra la acera, dejando a un niño solo y aterrado llorando desconsoladamente.

Pero me incorporo y con asombro veo que el frío y la humedad de esta niebla baja que me rodea con la que sueño no es más que una gran mancha. Sangre que se esparce por el suelo y empapa mi camisa. Y sorprendido veo dos balazos en mi pecho reventado, que en la desesperación y el miedo, mi hijo disparó con mi propia arma.

Almudena González R

2 respuestas a “Violencia”

  1. Avatar de Adela Muñoz
    Adela Muñoz

    Sobrecogedor. Muy bien descrito de principio a fin. Te felicito. Ojalá acabe esta lacra.

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    1. Avatar de
      Anónimo

      Gracias Adela!

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