Reto: Una historia de zombis.

Los peores pronósticos se habían cumplido, los que sospechábamos que todo aquello había sido provocado de forma meticulosa, teníamos razón. 

El Sars-COV-2 más conocido como Covid- 19 fue el origen de lo que sufrimos hoy.

Soy Manuel García de las Heras, Doctor epidemiólogo e investigador especializado en armas biológicas. Trabajé durante muchos años en proyectos secretos para el servicio de inteligencia del ministerio del interior. Los experimentos que pude presenciar en aquellos laboratorios aún me producen pesadillas.

Pero nada es comparable a lo que está sucediendo hoy, año 2038 en las calles de todo el mundo.

Al tímido coronavirus de 2020 le sucedieron ocho de una letalidad cada vez más atroz.

La especie humana está al borde de la extinción y yo pertenezco a un pequeño grupo de investigadores que no se rinden. Estamos luchando para poder revertir el proceso, estamos convencidos de que es posible y que podremos salvar a la especie humana. 

Como tantas veces a lo largo de la historia, unos pocos que poseían mucho dinero consiguieron escapar del terrible azote y construir un lugar inexpugnable con un muro de treinta metros de altura en el perímetro exterior, vallas electrificadas, otras con cuchillas cortantes y mecanismos automáticos que disparaban ráfagas interminables de balas huecas.

En la parte superior rayos láser con frecuencias que cambiaban a diario y que eran capaces de destruir todo lo que viniera del cielo. En el área cercana a su fortaleza apenas quedaba ningún tipo de ave.

Os preguntareis, ¿para qué tantas medidas?

Algunas mentes perversas manipularon la genética de las nuevas cepas, mezclándolas con genes de insectos como cucarachas y langostas. Ambas especies ofrecen gran resistencia a las infecciones y son todo terreno, pero con lo que no podían contar era con otras características más letales que surgieron al mutar en humanos.

Los que enfermaban en pocos días perdían todo rasgo de humanidad y se convertían en caníbales insaciables. Se reunían como enjambres y atacaban en grupo, los jóvenes, más agresivos a veces se devoraban unos a otros. Exactamente el mismo comportamiento que se había observado en los enjambres de langostas que arrasan los cultivos en África.   

La población infectada mundial es del 74%, el resto permanece confinado con la esperanza de no contagiarse, Solo salen para conseguir víveres cada vez más escasos.

Luego están unos pocos miles que pagaron por vivir en la fortaleza libres de ataques y contagios.

No dejo de pensar en tan solo unos meses atrás, en la fatídica fecha del 23 de junio, la noche más larga…

Ya era toda una tradición y en la noche mágica de San Juan; mi mujer Ana junto con Alicia nuestra hija y yo mismo, decorábamos el jardín, preparábamos cena y los rituales de la hoguera.

Esa noche llegué más tarde de lo previsto, entré por el jardín. Las chicas lo tenían ya casi todo listo. La barbacoa en su punto, los farolillos de luces y las lámparas de papel.

En el centro del jardín, unos troncos de leña, algunas ramas finas, un poco de hojarasca y un par de pastillas de carbón, todo hábilmente dispuesto para prender el fuego cuando llegara el momento.

Les llamé y no hubo respuesta, cuando estaba a punto de entrar en la casa alguien me agarró por detrás. Al girar, contemplé horrorizado un rostro en putrefacción con la boca chorreando sangre y unos ojos como ciegos, inexpresivos, color amarillo e iridiscentes.

Se movía de forma lenta y torpe así que no me fue difícil zafarme de él, cogí la manivela larga del toldo que estaba apoyada en la pared y le asesté varios golpes en la cabeza, estaba tan asustado que aún hoy no recuerdo cuantos fueron. Literalmente le reventé la cabeza.

 Entré en la cocina, salpicado de algo más que sangre.

Me les encontré tendidas en el suelo, pensé que estaban muertas, ambas tenían pulso y estaban inconscientes con signos de haber recibido una brutal violencia. Con pavor comprobé que tenían mordiscos y desgarros, les faltaban piel y carne y se desangraban.

Atendí sus heridas más graves e inspeccioné toda la casa para ver si había alguien más.

Todo despejado, aseguré puertas y ventanas para evitar más intrusos.

Después del ataque nunca volvieron a ser las mismas. Llevo meses sin dormir apenas, investigando en el improvisado laboratorio que monté en el garaje y cuidando de ellas. creo que estoy más cerca de revertir el proceso de canibalismo zombi. Esta noche tengo una video conferencia con algunos de los investigadores que quedamos activos, tenemos que compartir los resultados de nuestros ensayos es crucial para lograr la cura.

Antes debo ocuparme de que cenen. Han avanzado mucho, cada vez necesitan menos dosis de tranquilizante y ya admiten comer alimentos, al principio solo comían carne y vísceras humanas. Lo sé es repugnante, pero me consuela que realmente no son ellas.

Sus deleznables comportamientos son los efectos espeluznantes de esta enfermedad creada, no sabemos ¿por quién? ni ¿con qué oscuro propósito?  ya que hasta la fecha nadie ha reclamado su autoría, ni han pedido nada, ni han ofrecido la vacuna a cambio de nada.   

Tuve que separarlas desde el principio, ya que Alicia, en cuanto se repuso de sus heridas era violenta y a veces atacaba a su madre. Están en la planta superior, Alicia en su habitación y su madre en el cuarto contiguo de invitados. He tenido que hacer muchas modificaciones para acomodarlas sin peligro para ellas ni para mí. Deben estar aisladas y seguras del exterior.

Yo estoy convencido de que lo peor ya ha pasado y a veces me parece vislumbrar de nuevo algún rasgo de humanidad, sobre todo en Ana. 

Se me hace muy duro verles así, atadas en habitaciones casi desprovistas de muebles o cualquier objeto que puedan utilizar como arma y tenerles privadas de libertad, pero no tengo más remedio. He estado un rato con cada una de ellas dejando que comieran y aseándoles.

Después he bajado directamente al laboratorio nervioso para comprobar si había cambios en los conejos de las jaulas 5 y 7, de momento sin novedad.

Creo que estamos cerca, pero no debo impacientarme. Estamos en el punto crítico si mis resultados coinciden con los del doctor Wang, y el doctor Brown entonces serán concluyentes y tendremos la clave para curar a la humanidad.  

Comienza la videollamada, a veces perdemos la conexión, estamos todos muy impacientes y empezamos a compartir los datos. Minutos después el corazón se me ha desbocado dentro del pecho no puedo reprimir la alegría ni mis colegas tampoco. Empezamos a gritar y saltar como adolescentes los resultados son definitivos, hemos logrado la cura.

Nosotros solo tenemos los medios para hacer una pequeña cantidad de antídoto. Ahora nos queda otro asunto crucial que resolver y es convencer a los poderosos e influyentes de la fortaleza que tenemos la solución, pero necesitamos sus recursos para poder salvar a los infectados.                         

 Silvia Jimeno Vázquez               

2 respuestas a “La noche más larga”

  1. Avatar de EJV
    EJV

    Muy actual el tema….terrorífico la verdad. Seguir escribiendo. Saludos

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    1. Avatar de El Arte de re(la)tarte
      El Arte de re(la)tarte

      Muchas gracias, eso haremos.
      Un saludo

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