Nuestro reto era algo que nos transmitiera «tranquilidad» ...

El día que no estés, yo sabré quién fuiste. Deja que hable de ti. Dame permiso para hacerlo. Sé que nunca tuviste miedo a morir y que tu alma siempre iba a metros por delante. Por eso quiero contar al mundo sobre tus vuelos y tu caída. Muy alto. ¿Cómo era que me decías? 

Subo tan alto que cuando sobrepaso las nubes y llego al cielo azul, me dejo simplemente deslizar y escucho el viento y los latidos del corazón que ralentizan primero y suben en intensidad haciendo un BUM que resuena en mi cabeza y entonces… llega la calma, la tranquilidad, la paz que cierro los ojos y me deslizo sintiendo que floto y que mis brazos son como las aspas de un molino en movimiento ralentizado. Pero cuando llueve es incluso mejor. Las gotas caen despacio por mi rostro, se deslizan en mi boca y veo el reflejo de la gente por la calle en ellas. Incluso no siento ningún dolor, con una paz interior que sobrepasa cualquier entendimiento y mi corazón late muy lento – muy – muy – lento y soy consciente plenamente que la humanidad es hermosa en toda su plenitud y puedo sentir que mi corazón se va pa-ran-do …. Desconecto del planeta, desconecto del mundo, desconecto de la vida y me dejo estar. Quieto. Solo. Yo conmigo. Sintiendo todos los poros de mi piel. Percibiendo todos los sonidos del universo y esos latidos lentos que invaden mis oídos y el mundo se vuelve tan pausado que me acuna y balancea y me dejo llevar y deseo limpiar mi alma. Muero”. Te vas. No estás. ¿Cómo era aquella canción…”heroína, diablo vestido de ángel…”?

Almudena González R

Deja un comentario