Reto: El miedo
Lo malo de tener una imaginación tan descomunal es que cuando mi primo Jaime me dice en susurros que ha oído un ruido y que hay alguien en casa pese a estar solos, …¡Es que me imagino que algo nos persigue y empuja hacia el sótano y que intentando escapar, mi primo tropieza y cae rodando desnucándose con un golpe seco! «A ver Marta que serán los ratones que estamos en el campo y pueden colarse animalillos por la chimenea». Pero intento frenar otro impulso mental donde le imagino con los sesos esparcidos mientras se levanta. Ojos descomunales. Boca hambrienta.
Pero Jaime me mira – UH, qué miedoooo! – dice, pero se está partiendo de risa al ver mi cara aterrorizada. – ¡Qué tonta eres Marta, que te lo has creído! – Y se ríe con sus quince años que parece un niñato de doce como los tontos de mi clase.
Pero esta vez sí. Otro ruido más intenso como un soplido en la nuca y se me erizan todos los pelos de la piel. Jaime se ha quedado mudo, también lo ha escuchado. Entonces miramos hacia el techo por donde nos llega el sonido de un susurro sin voz. Allí arriba, por donde se escapa el cable de la lámpara del techo.
Jaime frunce el ceño – Espera aquí que subo al altillo a ver qué es – dice
Pero yo no me quiero quedar sola, así que sin que se dé cuenta le persigo por el gran caserío, que del salón pasa a un largo pasillo, tuerce a la derecha y sube unas escaleras que le llevan a la planta de arriba, donde hay una puerta semi atascada, pues la humedad hace que se dilate y raspe el suelo cuando se intenta cerrar, quedando siempre entreabierta. La puerta da a un desván oscuro donde no se guardan más que revistas viejas y muebles en desuso.
Yo subo despacio observándole de lejos. Entonces se acerca a la puerta y titubea. Tengo la sensación de que detrás de ella hay alguien. Entonces Jaime se inclina para mirar por la cerradura sin llave y entonces se vuelve horrorizado y en susurros, …
– Marta, ayúdame a cerrarla y atascarla del todo – ssss «así muy bajito que casi no le oigo»
Le miro y le frunzo el ceño de lejos, pues no quiero acercarme. Tiene cierto nerviosismo que lo expresa en todo su cuerpo pero no en la voz. Pienso que no quiere hacer ruido y aquello me intranquiliza enormemente. No hace ruido, ¿por qué? Y no lo entiendo. Yo creí que iba a descubrir lo que era aquel ruido y, sin embargo, me pide cerrar …
– Marta! – con apremio – ¡Por favor ven de una vez!.
Entonces le veo que coge el pomo y al acercarme el miedo me hiela el estómago que paraliza mis piernas y veo que Jaime está intentando por todos los medios cerrar la puerta como sea, pero que atascada, deja una rendija entreabierta. Hay una garra de … ¿A-N-I-M-A-L?, asomando del otro lado que se ha enganchado en todo el marco, ¡para no dejarnos… cerrar! «¡No nos deja CERRAR!
Entonces sí. Ahí grito de terror con un sonido agudo que retumba la casa y salgo corriendo de miedo dejando a mi primo solo intentando cerrar la puerta. Y bajo las escaleras de dos en dos y veo – Dios mío – que cada vez hay más escalones que bajar y que parece que aquello no se acaba. Y pego un salto para llegar al final y caigo sobre el suelo del pasillo y al avanzar en él, el pasillo se expande y se hace más largo muuuuyyy laaaargoooo y corro! Pero no avanzo¡! Y noto que la garra viene a por mí y que cada vez está más cerca Y que me va a atrapar Y que me coge del vestido Y ya no puedo avanzar Y mis piernas corren Y corren Y… Pero yo no me muevo y ¡la garra alcanza mi tobillo! …
– ¡Pareces una loca histérica Marta! … Que es una broma! – y pasa corriendo a mi lado – ¡¡Que te lo has creído por segunda vez!! – y se ríe así, jajaja, el tonto lleva una garra de mentira en su mano!«.
Estoy a punto de llorar, de miedo y de vergüenza al mismo tiempo. «La próxima vez le voy a decir a mamá que no me deje sola con Jaime, que es tonto de remate un gili»
Jaime se va corriendo por el pasillo haciendo piruetas en plan burla mientras yo aminoro mi paso y los latidos del corazón. Pero miro hacia la parte alta de las escaleras. Y lo veo. Mejor dicho, lo percibo. Una sombra que se asoma y me mira. No distingo qué es o quién es. Algo que sisea mi nombre. Mi estómago vuelve a congelarse de nuevo. Vuelvo a sentir mis piernas paralizadas ¿Mi exceso de imaginación me está traicionando? Pero «no voy a darle más motivos a mi primo para que se burle de mí». Así que ignoro a la sombra y sigo mi camino al salón. Pero siento cierta presión en la espalda y pienso que «quiero que venga mamá».
Almudena González R

