Reto: microrrelato con la palabra del título
Allí estaba sobre el escritorio de Eva, junto a su ordenador y frente al gran ventanal, contemplando al astro rey, llenándome de energía. Suspirando por hacer desaparecer aquel cristal y sentir el viento, el calor y la arena del desierto de Sonora como mis ancestros.
Me sentía querido, pero solo, Eva lo adivinó y me fue trayendo compañía, otras plantas crasas que se convirtieron en mis amigas de conversaciones secretas. Pasaron los años, varios cambios de maceta y yo, aunque deseaba ser libre, no quería dejar atrás a quien se había convertido en mi familia, mi sueño ahora era habitar un jardín con ellas.
Se cumplió una mañana, Eva nos llevó orgullosa a su nueva terraza y así comprendí que ese era nuestro hogar y era mucho más grandioso que cualquier desierto del mundo, incluido el de Sonora.
Silvia Jimeno Vázquez

