Reto: Sobre una obsesión.
Lola adjuntó y envió el informe a su dirección. Terminaba otra jornada de teletrabajo. La vida había cambiado mucho desde que hacía seis meses hizo su aparición el Covid- 19. No la disgustaba esa forma de trabajar, pero añoraba el contacto social con sus compañeros y porque no, aquellas veces que salían juntos a tomar algo.
Lola era una mujer activa, trabajadora y responsable. Decían de ella que era vital, sociable y emanaba energía positiva. Como todos, ella también tenía sus manías en algún caso se podría decir que era casi una obsesión. Odiaba los espejos, era algo superior a sus fuerzas. Se sentía fatal, como intimidada cuando se encontraba frente a alguno de ellos, cuanto más grande fuera, peor.
Una de las ventajas de trabajar en casa es que se libraba de estar todo el día rodeada de los malditos espejos que decoraban su empresa. Eran tan intimidantes para ella, en ocasiones la impedían concentrarse en sus tareas.
Miró el reloj, tenía tiempo para bajar a comprar y prepararse la comida antes de hacer la videollamada con su amiga Irene. Se dirigió a su habitación y las pisadas hacían rechinar la tarima antigua de madera de nogal. Este sonido la devolvía a su infancia cuando corría a los brazos de su abuela y después jugaba en la sala del fondo. Durante unos instantes recordó aquellos años en los que aquella enorme casa desbordaba vida y ese peculiar olor de las ceras que usaban para nutrir los muebles y el aroma a ropa limpia. El gusto de los caramelos de anís con los que la obsequiaban cada domingo.
Un portazo provocado por la corriente la trasladó de golpe al presente. Se calzó, cogió su bolso del taquillón de la entrada y con la puerta abierta se percató de que no llevaba la mascarilla. Solventado el despiste, llamó al ascensor que subía por el hueco de la gran escalera de mármol del edificio. Una vez dentro del ascensor, se puso de espaldas al espejo que cubría la pared del fondo. Miraba el visor que iba indicando el piso según bajaba y por nada del mundo se giraría durante el trayecto. Siempre se sentía aliviada cuando salía del ascensor.
Llevaba un vestido veraniego color coral de lino y de corte amplio, cómodo e informal.
Lucía su preciosa melena morena suelta, la cara sin maquillar y unas cómodas sandalias color cuero a juego con el bolso. Era alta y poseía una linda figura, aunque lo mejor de todo era su bonita sonrisa que ahora se ocultaba tras la mascarilla. Siempre se encontraba con alguien conocido y se entretenía en breves conversaciones lo que hacía más ameno el rato de hacer la compra.
Regresó a casa y cuando estaba colocando los productos, advirtió que la puerta de la sala del fondo estaba cerrada y fue a abrirla. Allí se encontraban parte de los muebles que heredó cuando murieron sus padres.
En un rincón había un enorme espejo de pie que solía tener siempre tapado con una vistosa tela. Parece que el aire había hecho caer el tejido y el espejo estaba descubierto. Lola sintió que se le encogían las entrañas y como si un pedacito de hielo se deslizara por todas sus vértebras. Se apresuró a recoger la tela y tapar el espejo, eludiendo mirar al frente. Ese espejo, en particular, la transmitía malas sensaciones incluso cierto temor. Sabía que algo ocurrió cuando era niña, pero ya no recordaba nada y pensaba que habría sido un mal sueño o tal vez algo que había provocado su propia imaginación. A veces sentía la necesidad de deshacerse de él para siempre, pero luego se arrepentía al acordarse de cuanto le gustaba a su abuela mirarse en él antes de salir a la calle.
Mientras recorría el pasillo para ir a la cocina pensaba en aquella obsesión suya con los espejos. Tampoco le parecía que fuera tan raro ya que, a través de la literatura, incluso en los cuentos infantiles ya existía esa creencia de que los espejos tenían algo mágico y que actuaban como portales entre diferentes dimensiones.
El cine tampoco se quedaba atrás, cuántas veces en los espejos se reflejaban fantasmas o criaturas extrañas venidas de otras realidades. Siguió pensando en ello mientras cocinaba y comía.
Su mente se hallaba absorta cuando volvió a oír el portazo al cerrarse de nuevo la puerta de la sala del fondo. Cogió el móvil porque esperaba la llamada de Irene. abrió la puerta y desde el umbral observó que el espejo estaba destapado. Recogió el paño, pero esta vez no pudo eludirlo y miró al espejo…
Sintió una gran atracción hacia él, era como si la hipnotizara...
Era imposible dejar de mirar y en lo más profundo le pareció distinguir vagamente algunas figuras fantasmagóricas y escuchaba como la llamaban… “Lola ven, Lola ven”.
Casi no podía respirar y el corazón latía tan rápido que parecía que le iba a estallar. Después dejó de sentir.
Pasados dos días, su amiga Irene, que no había sabido nada de ella en ese tiempo, presentía que algo malo le había sucedido. Al cumplirse las primeras veinticuatro horas, acudió a la policía para denunciar su desaparición. La policía hizo las pesquisas pertinentes y decidió acudir al domicilio de la desaparecida con el fin de obtener alguna pista sobre su paradero. Llegaron acompañados de Irene que tenía llave del domicilio.
Recorrieron la enorme casa señorial de techos altos y puertas blancas y ni rastro de Lola. Irene fue a la habitación del fondo y atisbó el móvil de Lola en el suelo junto al espejo descubierto. Avisó a los agentes que enseguida lo embolsaron y lo marcaron como prueba. Debían analizar su contenido cuidadosamente con el fin de obtener algún hilo del que poder tirar en la investigación.
Irene se extrañó de que el espejo estuviera así y recogió la tela del suelo para taparlo.
Al mirar al espejo por un instante le pareció ver reflejado el rostro de Lola justo detrás de su hombro. Se giró y no había nadie, volvió a mirar el espejo y solo se veía a ella misma y la parte de la habitación que se reflejaba en él.
La policía estaba aún perpleja, no encontraron ningún signo de violencia ni nada fuera de lo normal. Pudieron reconstruir sus últimas horas; el tiempo de trabajo, cuando salió a comprar, lo que comió y a partir de ese punto nada. Era como si se hubiera esfumado.
Silvia Jimeno 21/09/2021

